viernes, 22 de febrero de 2013

«BULLYING»



Por CUCA GARCÍA DE VINUESA Escritora/
O yo estoy loca o cada día entiendo menos. El mundo está realmente mal. Una noticia sobre la violencia en las aulas nos escandalizó no hace mucho: el suicidio en Hondarribia (Guipúzcoa) de un joven de catorce años por no poder soportar la presión de unos compañeros.
Inventamos una palabra para definir el acoso en el trabajo; el «mobbing». Y ahora inventamos otra para definir el acoso en el colegio: «el bullying». Explotábamos sin pudor la vida de Carmen Ordóñez y también intentamos explotar la noticia del suicidio de un niño de catorce años que nadie pudo evitar, para no herir la sensibilidad de los «acosadores», sin profundizar realmente en las causas que llevaron a este joven a quitarse la vida.

Ir contracorriente es ir en busca del suspenso social. Pero no me preocupa nada plantear en este artículo que la valentía en la vida es uno de los mejores valores del ser humano. Ir contracorriente hoy en día supone armarse de valor para enfrentarse día a día a los «miedos» que nos anulan a muchos, para defender una serie de valores perdidos y que darían solución a muchos de los problemas actuales, cuyos protagonistas son los jóvenes y los niños.

El acoso escolar existe desde siempre; exactamente igual que el acoso profesional o el acoso sexual. Y hay que andar escondiéndose el alma para que no te atropellen a la hora de hacer cualquier comentario «contracorriente» porque te achicharran o persiguen como «intolerante». Y no hay derecho.
Seamos valientes, vayamos contracorriente y dejémonos de soluciones contra la libertad.
Un joven de catorce años se quitó la vida por ir contracorriente. Y nos quedamos tan panchos.
¿Culpa de los compañeros?; ¿culpa de los profesores?; ¿culpa de la televisión? Claro, los padres somos inocentes. Antes regañábamos a los hijos por portarse mal con un compañero en clase o con sus hermanos. Castigábamos una mala contestación a los padres. Y ahora castigamos a los profesores por exigir a nuestros hijos una mínima disciplina y un respeto. La educación no está de moda y que no se nos ocurra llamar la atención a un joven, podemos traumatizarlo para toda la vida. Qué cosas. A quien hay que regañar y expedientar es a los profesores que no tienen ni idea de enseñanza ni de educación.

En Cantabria en 1999, un 5 por ciento de los niños se quejaban del trato de sus compañeros y un 17 por ciento sufrieron violencia física. Nadie se inmuta, nadie reacciona. ¿Cómo lo solucionamos? Echando la culpa a la falta de vigilancia de los maestros y buscando en los presupuestos del Estado cómo arañar unos euros para instalar cámaras en los recreos y en los pasillos de las escuelas. Manda narices. Y los padres, en casita viendo la tele con una cervecita fría.

Y que conste que no tengo nada contra la tele ni contra la cerveza, y menos aún contra los padres, pero por un momento parémonos a pensar de quién es la culpa de que nuestros hijos sufran acoso en los colegios.
NUESTRA, y punto. Y en ese «punto» está precisamente el defecto de la violencia en las escuelas. Igual que exigimos respeto en nuestros respectivos trabajos y está de moda denunciar el «mobbing», exijamos a nuestros hijos respeto para con los demás.
Hay que educar, tan sencillo como eso. Y educar significa alimentar los valores fundamentales en la familia: la solidaridad y la libertad.
Si en la infancia y en la adolescencia no corregimos en casa las malas formas de nuestros hijos y no permitimos a los maestros encauzar la formación de nuestros hijos; si no somos valientes para enfrentarnos contracorriente a la falta de valores, como la disciplina por miedo a no se sabe qué, nos encontraremos probablemente con noticias diarias tan espeluznantes como la ocurrida en Hondarribia.
¿La muerte de ese niño de catorce años ha servido para algo?

sábado, 9 de febrero de 2013

"Los inventores de la Logse deberían ser ahorcados si hubiera un juicio de Nuremberg educativo y cultural en España"



Arturo Pérez-Reverte: "Los inventores de la Logse deberían ser ahorcados si hubiera un juicio de Nuremberg educativo y cultural en España"
 El escritor Arturo Pérez-Reverte tiene una especie de 'idilio' especial con Twitter los domingos en la tarde y este 23 de septiembre de 2012 no ha sido una excepción.
Pérez-Reverte, que antes de convertirse en el novelista español de más exito y entrar en en la Academia de la Lengua, ejerció muchos años de reportero audaz, entra a saco en uno de sus temas favoritos: "La Educación".
Y como no hay nada que pueda sustituir lo que ves, tocas, pesas y hueles, nos limitamos a reproducir algunos de los tuits que ha ido subiendo, desde la mesa de café donde se atrinchera cada fin de semana:

Hace unas semanas comenté lo poco que me gusta la actitud del ministro Wert con el Iva y la Cultura. Me pareció cómplice y cobarde.
Pues hoy me toca hablar de lo que sí me gusta. Porque en esta ley hay cosas que sí. Que me gustan. Y como me gusta, pues lo digo.
Me gusta que se apunte, aunque tímidamente, que igualdad de oportunidades no significa obligación de igualar a los chicos en la mediocridad.
Me gusta que(aunque lo nieguen ciertos psicopedagogilipollas) alguien diga oficialmente que es mentira que todos los estudiantes son iguales.
Los hay brillantes y torpes. Los hay listos y tontos. Los hay esforzados y vagos.
Y es una injusticia y una infamia machacar a los mejores en beneficio de los peores. Eso se llama suicidio educativo y social.
Me gusta pensar que ahora puede reforzarse un poco la autoridad de los profesores.
Me gusta creer que puede acabarse el disparatado coladero escolar y universitario impuesto hasta hoy,
Me gusta que alguien dé (o asegure darlo) a la Formación Profesional la importancia que merece.
Me gusta que España pueda dejar de ser el país con más alumnos fácil e inútilmente universitarios de Europa y tal vez del mundo.
En mi opinión, los inventores de la Logse deberían ser ahorcados si hubiera un juicio de Nuremberg educativo y cultural en España.
Eso sí: no me gusta nada la segregación de chicos y chicas (¿por qué no un velo para ellas?) y las subvenciones a compadres de misa diaria.
Me gusta, sobre todo, y a eso voy por encima de todo, el verbo "recentralizar" cuando de Educación se habla.
Precisamente una recentralización educativa haría posible un descentralización general racional e inteligente. Que no es el caso actual.
La Enseñanza en España lleva décadas educando a muchachos que acaban siendo extranjeros entre sí mismos.
Jóvenes extraños que se miran de reojo con recelo. Cuando no se desprecian o se odian.
No saben quién fue Carlos V y lo que nos marcó, pero lo saben todo de Marianico el Corto, el silbo gomero o el zarangollo murciano.
Y los golfos que hicieron posible todo eso, para criar clientela, siguen ahí, administrando gozosos sus miserables parcelitas educativas.
Es revelador que la Ley irrite tanto a ciertos ultranacionalistas periféricos montaraces. Esa parte es la que más me pone.
Una certeza tengo. Lo que de esa ley no guste a los ultranacionalistas periféricos, seguro que es bueno para el resto de los españoles.
Un 10% menos de aldeanismos y de pueblo de Astérix no irá nada mal para compensar el veneno inyectado por tanto mercachifle paleto.
Limitar el negocio de los que llevan décadas enseñando la historia de su aldea obviando cuanto ocurrió más allá del río Tal o el Monte Cual.
Que alumnos de Huesca, Bilbao, Valencia o Tenerife estudien materias comunes en vez de 17 distintas, solo puede alegrar a la gente decente.
Y al que no le alegre, por mí que le vayan dando. Algo turbio tendrá que ocultar en el pajar de su casa.
¿Pactos de Estado? No sea ingenua. Aquí hasta el federalismo lo contemplamos asimétrico. ¿Quiere chafarles el negocio?

jueves, 24 de enero de 2013

"Consejos para los padres que quieran hacer de sus hijos unos delincuentes".



Encuentro mis anotaciones sobre un documento de la Dirección de Policía de Seatle (Washington). Su título: "Consejos para los padres que quieran hacer de sus hijos unos delincuentes".
Dice:
"Dadle, desde la infancia, cuanto desee: así crecerá convencido de que el mundo entero le debe todo".
"Reíd si dice tonterías: así creerá que es muy gracioso".
"Nunca le digáis: Esto está mal, podría adquirir complejos de culpabilidad".
"Recoged todo lo que el tire por los suelos así creerá que todos están a su servicio".
"Dejadle leer todo: limpiad con detergente que desinfecta la vajilla en la que come, pero dejad que su espíritu se recree con cualquier torpeza".
"Discutid siempre delante de él: así se irá acostumbrando y cuando su familia esté totalmente destrozada no se dará ni cuenta".
"Dadle todo el dinero que quiera no sea que sospeche que para disponer de él es necesario trabajar".
"Que todos sus deseos estén satisfechos (comer, beber, divertirse... ¡de otro modo resultará un frustrado!".
"Dadle siempre la razón: son los profesores, la gente, la ley... quienes la tienen tomada con vuestro pobre muchacho".
"Y cuando su hijo sea ya un desastre, proclamad que nunca pudisteis hacer nada por él..."


jueves, 3 de enero de 2013

Iglesia, drogas y libre albedrío

GASPAR FRAGA. Director editorial de la revista CAÑAMO (http://www.canamo.net). Artículo publicado en Iniciativa Socialista número 73, otoño 2004
Adán y Eva comieron el fruto prohibido del arbor scientiae, ofrecido por el animal más heterodoxo y underground, y esa experiencia edénica del mordisco al fruto del árbol del conocimiento expulso del paraíso a la pareja primigenia, castigada a “ganarse el pan con el sudor de sus frentes”.
Toda una metáfora, muy cercana a lo que podía ser la primera idea sobre el sometimiento del proletariado; idea que Marx rechazó con otra célebre metáfora: “La religión es el opio de los pueblos”.

La Iglesia justifica su intervencionismo en el problema de las drogas por su proximidad al suicidio; acto humano, de libre albedrío, para el que la Iglesia sólo promete el averno. E, igualmente, para el consumidor de drogas también reserva el paraje infernal… ¡aunque  en vida!
Desde que en 1834 se abolió la Inquisición en España, los intentos para desvincular a la Iglesia del Estado, salvo en el caso de la “desamortización” de Mendizabal en 1836, han sido tímidos, cuando no raros, pues ni la Constitución de 1869 ni los desordenados y cortos once meses de vida de la I República (1873) lograron apartar de los asuntos y administración estatal a la Iglesia. De manera que no fue hasta la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, cuando, por primera vez en la historia de España, la influencia eclesiástica  es clara y tajantemente apartada del control de la sociedad civil gestionada por el Estado laico republicano.
Pero, tras de la Guerra Civil (1936-1939) y la victoria de los rebeldes apoyados por la Iglesia, bien consolidado ya su régimen, Franco firmó en 1953 el Concordato con la Santa Sede, bajo el papado de Pío XII.
Tratado que renovó privilegios a la Iglesia española y que nuevamente garantizó su injerencia en la educación y el funcionamiento de la sociedad española, situación que se mantuvo hasta la transición constitucional de 1978. Injerencia y privilegios “adquiridos” históricamente que aún se continúan a pesar de la denominación del Reino de España en la Constitución como Estado laico.
Hace pocos meses, las declaraciones del cardenal Rouco en contra de los derechos de los homosexuales y a favor del estamento familiar, junto a sus comentarios de que el reconocimiento de dichos derechos eran un grave perjuicio para la Seguridad Social y la Hacienda Pública administradas por el Estado, son otro ejemplo de la injerencia eclesiástica.
Y aún más recientemente (20/09/04), el obispo de Jerez de la Frontera, en su comunicación titulada La Iglesia, la familia, la mujer, denunció la “larga campaña que el laicismo más beligerante” viene librando contra la cultura y valores del cristianismo.
Dos ejemplos actuales que tienen su antecedente en las sonadas campañas promovidas por el recién fallecido cardenal Marcelo González contra la Ley del Divorcio (1981) y contra la misma Carta Magna de 1978, a la que tildó de “ser atea”, anatematizando a toda la sociedad española, laica otra vez desde ese año por derecho constitucional.
Desde siempre las iglesias –sean cuales fueren, pero la católica con mayor ahínco– han querido confundir las ideas y comportamientos de sus fieles.
El libre uso de la palabra, está mediatizado desde la “confusión” de la Torre de Babel y posteriores dogmas de fe han proscrito cualquier desviación heterodoxa del pensamiento cristiano (arrianos, cátaros, valdenses, illuminatti, místicos, etc.).
De modo que si mencionar el pecado es poder convocar al diablo, cuando se trata de libertad de expresión para la Iglesia todo se puede descontrolar.  Por tanto, tolerar el consumo de cannabis (de drogas, en general), como alterador de la conciencia –y desinhibidor del entendimiento imbuido por imposición religiosa–, como experiencia hedonista y existencial, es cuestión prohibida, pecaminosa y fuera de todo dogma eclesial.
Y, sin embargo, algo que poseía un efecto alterador de la conciencia, como era en su origen la Eucaristía, hoy es sacramento en el que ni el pan es pan ni se reparte el vino y que, simbólicamente, sólo sirve para obnubilar el entendimiento de la feligresía.
Sacramento “trucado” a través de cuya administración se desea mantener la creencia de que el sacramentado se “transubstancia” para estar próximo a la epilepsia con Dios.
Cuerpo-pan que se adhiere al paladar sin “colocar”; substancia incapaz de transignificar al ser humano. La Eucaristía es pues un acto ineficaz en el sentido que daban a estos actos de catarsis los ritos clásicos eleusinos o délficos, destinados a proporcionar la in-divinación, la presencia divina en el interior del sacramentado, en su comunión conducente al conocimiento del dios dentro suyo. Comulgantes, el hombre con su dios, ambos portadores ya de la divinidad, se mezclaban en la visión alterada de la conciencia del creyente.
En términos meramente católicos, a partir del trucaje in-divinativo de creerse a salvo de todo mal viaje –al infierno– mediante la ingesta de la hostia, debería observarse la gula (un vicio capital) como otra imposición religiosa, que no obstante ser de prohibición, el fiel católico de misa dominguera suele transgredir a menudo, bien sea por un hartón de fabada asturiana, exponiéndose a un “cólico miserere”, o bien por el delírium trémens como alcohólico crónico. Y, siendo ambas sustancias legales –”como Dios manda”–, aunque sí vicio por moral religiosa (¿hay gula en la adicción al tabaco?) hay escasa o nula crítica eclesial.
Pero cualquier otra sustancia, –sobre todo ilegal–, capaz de revelar o alterar la identidad, la visión mortal de la divinidad, a pesar de poder ser también un estado eucarístico, para la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana (póngase acento daliniano), no vale; es sustancia pecaminosa que debe llevarse al confesor so pena de acabar en el infierno quienes la ingieren.
Iglesia, droga y toxicomanía(1), es un documento apocalíptico, a modo de manual, editado por la Pastoral de la Salud (ministerio de sanidad del Vaticano), en noviembre de 2001. Por su carácter admonitorio, moralista, es otro intento de injerencia en el comportamiento de la sociedad laica universal. Es un manual que por presentación y contenidos, falto de fuentes científicas serias de referencia, ostenta un claro amarillismo informativo.
La estrategia de la Iglesia de hoy, ya en el siglo XXI, aún consiste en alarmar a su parroquia con miedos de tiempos preilustrados sin reconocer los cambios sociales post-industriales ni querer admitir las costumbres de nuestra era tecnológica. De tal forma es, que todo el ideario y comportamiento del ser humano actual tiende a desenmascarar y rechazar cualquier fundamento de fe con que la desacreditada Iglesia se obceca en mantener a flote sus dogmas.
Semejante a una gran estafa para creyentes inópicos, quiere salvar sus privilegios y seguir disfrutando del gigantesco patrimonio obtenido a lo largo de 2000 años con fraude espiritual para continuar anunciando el perenne “milagro” salvador de la humanidad, su catecismo, como mejor oferta en venta de su obsoleto catálogo. No obstante su descrédito –sobre todo entre la juventud–, movida por la paranoia de la paulatina y progresiva pérdida de poder, la Iglesia se revuelve excretando homilías, anatemas y condenas a diestro y siniestro. De hecho “mira la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio”, pues muy a su pesar, la Iglesia ha de estar ya acostumbrada a leer noticias casi a diario sobre sus curas pederastas e, incluso, drogadictos, como las referidas a Marcial Maciel(*), fundador de la secta Legionarios de Cristo (en la que parece milita la ex "primera dama" Ana Botella).  Pero esto sólo es un "accidente", aunque son estos accidentes los que proporcionan a la Iglesia su acérrima vindicación contra desviaciones que suceden en su interior y que tratan siempre de ocultar a la opinión pública, al tiempo que no admiten sucedan en la sociedad laica y de ahí su pertinaz intervención en ésta. Y es que, como señala José Manuel Vidal, periodista especializado en lo religioso, “la Iglesia católica no se ha adaptado al momento actual, que exige mensajes claros y muy directos (…), no sabe comunicar”. Este periodista, corresponsal religioso de El Mundo, añade que “en España la imagen institucional de la Iglesia es de las peores. Está a igual nivel que la Policía y el Ejército”.
En el mencionado manual Iglesia, droga y toxicomanía, el Vaticano dice que “el ser humano no tiene derecho a dañarse a sí mismo” y, haciéndole así esclavo de su mandato, añade que tampoco lo tiene “a abdicar de su dignidad personal”, sancionando con inapelable moral cualquier desviación que el ciudadano laico muestre en su actuación social. El manual recurre al chantaje diciendo que “la droga ataca no sólo al mundo juvenil sino también al infantil”, culpando a los padres, principalmente, y también a políticos y educadores, de la responsabilidad que tienen en caso de legalizar las drogas, pues ello llevaría a la “destrucción de futuras generaciones”. Apela la Iglesia no sólo a los valores antedichos, sino que, entrando en camisa de once varas, inmiscuyéndose otra vez en el ordenamiento del Estado laico, recomienda al mismo Estado como “velar por el bien común (…) protegiendo los derechos, estabilidad y unidad de la familia” que salvaría al mundo del daño de las drogas. Y señala que si no hay demanda no habrá oferta (verdad de Perogrullo), agregando que la prevención reside en la educación con “valores que dignifiquen la vida” y que la demanda de droga decrecerá con “el profundo sentido del amor y del sexo”: aquí se preguntará el lector si este manual de la Iglesia es coherente con sus propios dictados acerca del sexo o si quien esto escribe no entendió bien. Pero, no hay error, así está escrito en el citado manual.
Peor aún es el documento Responsabilidad de todos, pastoral de Juan Pablo II (2). Aquí, el Papa abunda en lo mismo y dice que “la drogadicción juvenil es producto de la destrucción de la familia, herida de muerte por el divorcio, la permisividad de costumbres y falta de educación en las escuelas, tanto privadas como gubernamentales” (que no dice religiosas). El documento, en su apartado Por una vida digna, predica sandeces tales como que las drogas se apoderan de la voluntad de los seres por “las fuertes sensaciones de placer (cocaína), de fuerza y energía (heroína), y de liberación mental (alucinógenos como cannabis o LSD)”  añadiendo que “se posesionan del metabolismo, sistema nervioso y centros vitales”; es por ello que las drogas “atentan gravemente contra la dignidad de la vida”. Tras de este “cuadro clínico” es normal que el documento prosiga alarmando con la “enfermedad espiritual de los jóvenes”, pues les impide ser funcionales y convivir con los demás, así como “odiar todo lo que sea norma de urbanidad”. Hay en este documento descripciones equivocadas (¿fuerza y energía de la heroína?), así como de temor ante la “liberación mental” atribuida al cannabis y LSD. En definitiva, siendo ejemplo de la infalibilidad de Juan Pablo II no es un texto serio.
Y es que la “educación científica y religiosa son incompatibles”, según dijera el biólogo y matemático J.B.S. Haldane (3), quien añadía que “el clero ha dejado de interferir en el estado avanzado educativo, pero mantiene aún su control sobre la educación infantil”. Es decir, “los niños han de saber de Adán y Noé, en vez de saber de Darwin; de David que mató a Goliat, en vez de Koch que mató al cólera; sobre el ascenso de Cristo a los cielos, en lugar del ascenso de Montgolfier y los hermanos Wright”. Y aún prosigue Haldane, “se les enseña a aceptar afirmaciones sin evidencias demostradas, lo cual les hace fáciles presas de charlatanes para toda su vida”.
De modo que, cuando, como loros bien amaestrados, los redactores del manual vaticanista repiten las falacias, ya bien conocidas y refutadas por los estudiosos cannábicos, tan sólo están mostrando la hipocresía de sus argumentos religiosos contra el cannabis. Argumentos que son un desdén a la fuerza creadora del Dios que dicen defender, pues al contrario que otras muchas religiones que reconocen el valor intrínseco de las plantas para la sobrevivencia del hombre, el lobby católico –junto a otras iglesias del cristianismo protestante reformado– apoya la prohibición del cannabis (y otras sustancias ilegales) faltando al respeto del Gran Creador en Su obra universal. Así, el papa criticó la distinción entre drogas blandas y duras pues ésta “subestima el riesgo inherente de cualquier aproximación a los productos estupefacientes y en particular al problema de la dependencia” (4)
Para concluir… ¡Ojo! No se incita aquí al consumo de cannabis u otras drogas ni se juzga si la droga es algo bueno o malo. Sólo se defiende el derecho del libre albedrío de los adultos a decidir qué es lo bueno o qué es lo malo para sí mismos. La Iglesia no tiene autoridad ni derecho a recomendar qué sustancias se pueden o no se pueden consumir; como tampoco decir qué se debe o no se debe pensar. El ciudadano libre puede envenenarse lentamente o hacerlo súbitamente con la sustancia de su elección. Es decir, puede envenenarse libre y legalmente con tabaco, pero no con cannabis. O como cantaba el grupo madrileño Mil dolores pequeños, parafraseando al J. Stuart Mills de On liberty: “de la piel pa’dentro mando yo/las fronteras del Estado se acaban en mi piel”

NOTAS
1.- Iglesia, droga y toxicomanía, Pastoral de la Salud, Ciudad del Vaticano. 2001
http://www.conferenciaepiscopal.es
http://www.healthpastoral.org/emergentpains/drugs/lozdroga02_es.htm#castellano
2.- Las Drogas Responsabilidad de todos
http://www.laverdadcatolica.org/las%20drogas.htm
3- Haldane, John Burdon Sanderson (1892-1964); genetista y biólogo británico de origen hindú. Trabajó en la aplicación del análisis matemático a los fenómenos genéticos, en la teoría evolutiva y en los métodos para medir la unión de los genes. Entre otras obras, escribió Enzymes (1930), Heredity and Politics (1938) y Marxist Philosophy and the Sciences (1938).
4- Juan Pablo II recuerda que luchar contra las drogas es tarea de todos
http://www.aciprensa.com/notic1997/octubre/notic172.htm
(*) En http://arcanorevista.tripod.com/grandestemas/00017.02.html puede leerse:
DENUNCIAS CONGELADAS.-En 1997 dos ex Legionarios, José Barba y Arturo Jurado, que habían pertenecido a la Legión y que decían haber sido víctimas de abuso sexual por parte de Maciel iniciaron un proceso legal en su contra. En 1998, Jurado y Barba, junto al sacerdote Antonio Roqueñí, ex juez eclesiástico, buscaron en Roma.quien les llevara su caso entre la lista de canonistas autorizados por la Santa Sede y eligieron a Martha Wegan, una austriaca famosa por sus triunfos judiciales. Pero, en 1999 Wegan les dijo: ''señores, me indicaron que el asunto es muy delicado y está detenida la denuncia pro nunc'', o sea, en términos jurídicos significaba la virtual congelación del caso. "No hubo más explicación", narra Roqueñí. Quedó claro que era  una orden de arriba. (…) Maciel, el fundador de los Legionarios, por su parte, seguía recibiendo también órdenes de arriba: desde los años cincuenta hablaba a los jovencitos de lo peligroso que resultaba "retener el semen" (mal del que él podía curarles mediante masajes en la zona afectada) y les contaba del permiso que tenía de Pío XII para "efectuar en ellos sus liberaciones corporales". ¿Acaso recibía éstas órdenes mientras estaba bajo el influjo de la heroína o  la dolantina (opiáceo sintético) que se dice, consumía? Es difícil de saber, pero en 1997, las voces en su contra fueron rápidamente acalladas. Cinco años después vino la orden de arriba y Maciel pareció perder la gracia de Dios: en Estados Unidos estalló la bomba informativa en contra de los sacerdotes pederastas que fue  el detonador, la señal definitiva para denunciar a Marcial Maciel y a una buena parte de la Iglesia Católica.
Ver también, en El País 25/10/2004, "Nuevo testimonio sobre pederastia contra los legionarios de Cristo en España",
http://www.elpais.es/articuloCompleto.html?d_date=&xref=20041025elpepisoc_4&type=Tes&anchor=elpepisoc

Laicismo y Educación en España

Laicismo y Educación en España
ANTONIO GARCÍA MOVELLÁN. Miembro de Europa Laica.  Artículo publicado en Iniciativa Socialista número 73, otoño 2004
Uno de los asuntos que más preocupan a las iglesias es el asunto escolar.
Quieren mantener una influencia muy grande en los sistemas educativos y que la sociedad internacional reconozca esta injerencia.
Es necesario señalar que en Europa y también en una gran parte de los Estados del mundo, las iglesias están volcadas en la educación. Si exceptuamos a los Estados, las iglesias son las corporaciones con más intereses en el mundo de la educación. En España sucede igual.

La historia del laicismo, en gran medida, es la historia por la construcción de un sistema escolar laico. Un sistema escolar que persiga la libertad de conciencia plena del individuo y, por tanto, un sistema escolar alejado de cualquier adoctrinamiento religioso o ideológico.
La escuela laica es la búsqueda de la autonomía moral de los niños. Sin embargo, muchos de los sistemas escolares, en todo el mundo, están muy alejados del laicismo, y muchos de ellos incluyen materias de adoctrinamiento religioso o ideológico en sus curriculum y financian colegios confesionales.
En ocasiones, el alejamiento del laicismo se produce cuando la escuela se quiere convertir en mero apéndice de las necesidades del mercado laboral y no en un espacio publico destinado al aprendizaje que evite las presiones de la sociedad civil. Durante muchos años, la escuela laica tuvo como presión principal la injerencia religiosa e ideológica. Hoy, a esta injerencia se le ha unido otra no menos importante, la del mercado y la competitividad, que tiende a erosionar la naturaleza emancipatoria de la escuela.

En cualquier caso, las iglesias y sus lobbys han presionado para que las declaraciones internacionales de posguerra reconozcan de una u otra manera la injerencia religiosa en la escuela.
En gran medida, lo han conseguido.
Por ejemplo en el ámbito de las Naciones Unidades, no tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos pero si en algunas convenciones posteriores, han conseguido que se eleve a un derecho internacional la idea de la libertad educativa en función de las creencias.
Esto es, desgraciadamente, más claro en el ámbito europeo, donde las iglesias, al menos durante muchos años, han tenido portavoces políticos directos a través de los partidos denominados demócrata-cristianos.
Hay que tener en cuenta que hasta los años setenta los partidos demócrata-cristianos europeos han sido los protagonistas en la construcción internacional de Europa.
Por ejemplo, durante la redacción del instrumento más acabado que existe en Europa de protección de los derechos humanos, la Convención Europea para la protección de los derechos humanos y libertades fundamentales (CEPDH) de 1954, se quiso introducir una mención explícita a la libertad educativa asociada a la libertad de religión; sin embargo, por la oposición de Francia, esta mención no aparece recogida como tal en la Convención sino que se habilitó un protocolo especial, el Protocolo nº 1 de la Convención que incluye una referencia explícita al derecho de los padres a elegir la educación en función de sus convicciones o creencias religiosas.
Para muchos este protocolo es una bomba de profundidad sobre el laicismo educativo ya que, en efecto, establece que el Estado debe garantizar el ejercicio de este derecho de elección del tipo de educación, fundado en motivaciones religiosas:

 “Protocolo 1. Art. 2º. A nadie se le puede negar el derecho a la instrucción. El Estado, en el ejercicio de las funciones que asuma en el campo de la educación y de la enseñanza, respetará el derecho de los padres a asegurar esta educación y esta enseñanza conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas.”
Como vemos esta idea de asociar la libertad religiosa a la libertad de educación por motivos religiosos es una idea muy peligrosa para el laicismo.
Lo que esta pasando con la injerencia de las iglesias en la redacción de la Constitución europea también ocurrió cuando se redactaba la Carta de derechos fundamentales de la Unión, que es un texto que todavía no tiene alcance legal pero que será en breve el marco europeo de los derechos humanos; en esta carta se nota mucho la injerencia clerical. La Carta en su versión alemana hace una referencia a los valores religioso de la Unión, no así en la versión oficial de otras lenguas, que, por la oposición de Francia, se refieren exclusivamente a los valores espirituales.
En cuanto al derecho al educación esta Carta establece lo siguiente en su articulo 14:
“1. Toda persona tiene derecho a la educación y al acceso a la formación profesional y permanente.
2. Este derecho incluye la facultad de recibir gratuitamente la enseñanza obligatoria.
3. Se respetan, de acuerdo a las leyes nacionales que regulen su ejercicio, la libertad de crear centros docentes dentro del respeto a los principios democráticos, así como el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas”

Se observa claramente en este artículo 14.3 la asociación de la libertad educativa a la libertad religiosa, y se eleva a derecho fundamental la segregación educativa por motivos religiosos.
En definitiva, en el ámbito europeo, más aún que en el de Naciones Unidas, se ha asociado la libertad educativa a la libertad religiosa, elevando la segregación educativa por motivos religiosos a la categoría de derecho fundamental.
Ello conlleva, entre otras cuestiones, dar cierta legitimidad de la dualidad de los sistemas educativos en la mayoría de los países europeos y cierta justificación a la obligación de financiación pública de los colegios confesionales por parte de los Estados.

En España la injerencia de la Iglesia católica sobre el sistema educativo es clara.
Podríamos analizar las leyes, las sentencias del Tribunal Supremo o del Tribunal Constitucional para ver cual es el modelo educativo formal que existe en España.
Pero, sinceramente, creo que existe una inflación de este tipo de análisis, aunque siempre necesarios, pero yo preferiría que trascendiéramos el análisis jurídico formal e ir al encuentro de la realidad social del sistema educativo.
En primer lugar, creo que conviene decir que un sistema educativo no se puede cambiar de la noche a la mañana, que no se puede hacer una ley y pensar que de esa forma se puede hacer tabla rasa del pasado: eso es imposible.
Por supuesto que el sentido de las leyes nos indican una tendencia, un tipo de impulso político de un momento dado pero en ningún caso, y más en un asunto como la educación, podemos esperar que una ley cambie el modelo educativo de arriba abajo. Lo que es más cierto en un país como España donde ha sido tan difícil construir un sistema educativo público con una mínima calidad.
En efecto, cuando Picavea, en 1900, explicaba la situación real de la educación en España, era para echarse a llorar, no solo por la cantidad, sino también por la calidad. Cuando analizamos los contenidos educativos en los decretos del siglo XIX y de una gran parte del siglo XX también es para echarse a llorar: la enseñanza de párvulos y primera enseñanza se limitaba a señalar la doctrina cristiana y las primeras letras y, según algunas estimaciones, en 1900 el 65% de los niños de menos de 13 años no sabían leer ni escribir correctamente.
Si vamos más para atrás la cosa es aún peor ya que la instrucción pública, propiamente hablando, no existió hasta el siglo XVIII y eran las ordenes, congregaciones, parroquías y ayuntamientos quienes se ocupaban de estos temas. La Iglesia ha jugado un papel de primer orden en la instrucción hasta el siglo XVIII, aunque los resultados de ese monopolio educativo fueran nefastos: casi todo el mundo salía medio analfabeto.
Lo que es evidente es que en nuestro país, como en muchos otros, la instauración de un sistema educativo público ha sido un proceso lento y siempre ha estado tutelado por la ideología católica, excepto en algunos momentos breves.
A finales del XVIII y en nuestro país claramente en el primer tercio del siglo XX, el Estado no tiene más remedio que construir un sistema de instrucción publica más o menos extenso y con unos requisitos mínimos de calidad.
Piénsese que el Ministerio de Educación o de instrucción pública se crea en España casi al final del XIX y es desde entonces cuando se consolidan los cuerpos de maestros y de profesores de la enseñanza pública. En 1900 estaban escolarizados, en los centros públicos, 1.500.000 niños, y aproximadamente 400.000 estaban escolarizados en los colegios de las ordenes religiosas; en total el 50% de los niños estaban escolarizados.
Todo esto fue cambiando y a mediados de los sesenta tenemos tasas de escolarización, si bien no universales, sí muy importantes. Desde entonces, la lucha ha consistido en avanzar en la escolarización y en alargar la edad obligatoria de escolarización al tiempo que se intentaba garantizar la gratuidad de la enseñanza.
Ha sido un momento de expansión y se ha avanzado mucho en los aspectos cuantitativos y cualitativos. Además, los sistemas pedagógicos han experimentado una revolución importantísima pese a los defectos que podamos observar en la práctica: una gran parte de la pedagogía moderna está ya consolidada en la articulación de los curriculum educativos y los profesores y maestros se han adaptado o han sido educados en una concepción pedagógica moderna.
Ahora bien, es evidente que, en el caso español, la instauración de un régimen fascista supuso una involución gigante en los avances que se habían experimentado en la escuela española y del impulso que supuso la instauración de la II República.
Esta involución no afectó tanto -al menos a partir de finales de los cincuenta- a las cifras de extensión del sistema educativo sino a la calidad y al adoctrinamiento ideológico de los niños y jóvenes en esta época. En esta involución jugó un papel relevante la Iglesia Católica que ha tenido una responsabilidad histórica de primer orden en la instauración de una ideología reaccionaria en nuestra sociedad.
No sólo fue la supresión de la libertad de cátedra y de la libertad ideológica, o la instauración de la censura, sino también la configuración de un curriculum plenamente adaptado a los valores más reaccionarios del peor catolicismo integrista. Además, la Iglesia, en este periodo, siguió manteniendo una importancia cuantitativa muy considerable en el sistema educativo. Llegamos, pues, a lo años setenta con un sistema educativo con extensión insuficiente, con una fuerte influencia de los colegios católicos y muy pobre en calidad; una escuela publica infectada de la ideología católica y un sistema educativo apartado de las renovaciones pedagógicas que se habían experimentado en otros países.
Que duda cabe que en la España de finales de los setenta y principios de los ochenta existió un impulso cívico-social que exigía derechos y una mayor igualdad social, también en el terreno educativo; debemos reconocer que desde los años setenta se ha experimentado un cambio muy positivo en el sistema educativo, en gran medida porque se debía de garantizar una demanda cada vez más amplia, al tiempo que se producía una modernización social.
Todos los indicadores educativos nos señalan que el crecimiento del sistema ha sido importante: número de unidades escolares, profesores, alumnos..., y también ha habido cambios cualitativos significativos. Sin embargo el modelo educativo implantado tanto en la Constitución como en las leyes educativas básicas no ha significado una ruptura definitiva con el modelo educativo de los años sesenta, en particular en cuanto la participación fuerte en el sistema educativo de los colegios privados y especialmente de los colegios católicos.
La patronal privada y la Iglesia, desde el mismo momento que se percibe un cambio político irreversible en España, toman posiciones y presionan para conservar sus posiciones en el sistema educativo. Por supuesto, esto se refleja en los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, en los que queda garantizada la enseñanza religiosa en todo el sistema educativo e incluso se incluye un artículo por el cual los poderes públicos se comprometen a respetar los valores cristianos en todo el sistema curricular y también se garantiza el derecho de los centros docentes católicos a recibir subvenciones.
En la Constitución de 1978 se introduce un articulo que parece incidir en estos aspectos, ya que el articulo 27.3 reconoce un derecho absoluto de los padres sobre la libertad de elección de educación de religión y moral que deben recibir sus hijos de acuerdo a sus convicciones y la obligación del Estado a garantizar dicha educación. Posteriormente, la Ley orgánica de libertad religiosa vuelve a insistir en este asunto.
La LODE de 1985, pese a los aspectos positivos que tiene esta ley respecto a otros asuntos,  consagra en su articulo 4b un derecho absoluto de creación y financiación publica de los centros privados al establecer que los padres tienen derecho a escoger centro docente distinto a los creados por los poderes públicos, y, según el artículo 4c, a que sus hijos reciban la formación religiosa que esté de acuerdo a sus propias convicciones, estableciéndose más adelante el derecho de los centros concertados a establecer el ideario propio del centro.
Así, las leyes educativas garantizan un sistema educativo mixto de educación privada y pública, garantizando la financiación publica de los colegios católicos. Por tanto, en España, no existe propiamente un sistema único de enseñanza, existen varios sistemas y ello opera, sin duda, en la realidad social educativa y en los efectos perversos que puede tener sobre el sistema educativo gestionado directamente por las administraciones públicas.
De todas formas es necesario insistir que entre los años 80 y 93 los porcentajes de escolarización en los centros privados, particularmente en los católicos, disminuyeron y muchas unidades escolares fueron suprimidas.
Concretamente de un 36% de escolarizados en la escuela privada se paso al 30%, es decir se produjo en este periodo un reforzamiento de la escuela pública, tanto en términos de escolarización de alumnos como en numero de profesorado, debido a los avances experimentados en la calidad de la enseñanza. Además, la descentralización en la gestión de la educación ha significado un avance -aunque también algunos problemas- importante en la calidad de la gestión educativa.
Mientras tanto, en este periodo la patronal católica se reorganizó, secularizando las plantillas docentes de sus centros, especializando sus unidades escolares, reorganizando sus intereses en la Formación profesional etc., y por lo demás se produjo un incremento de la enseñanza privada no concertada y concertada no católica.
En la actualidad, sin embargo, asistimos a una ofensiva de la enseñanza privada que se demuestra en el aumento muy considerable de los porcentajes de escolarización en ella, sobre todo en algunas zonas como Cataluña.
Es curioso que sea en las partes más dinámicas económicamente donde la enseñanza privada tiene una mayor incidencia. Lo mismo que ocurre a nivel social -los pobres a la publica y los ricos a la privada- ocurre a nivel territorial. Este aumento de la enseñanza privada ha conectado con una demanda social conservadora y creo que esa ofensiva se ha producido simultáneamente con una campaña publicitaria de deterioro de la escuela pública.
La demanda se suscita porque existe la sospecha que los centros privados funcionan mejor en aspectos como la disciplina, la oferta de un corpus ideológico conservador y de supuesta eficacia frente a un supuesto desorden de la escuela publica.
Creo que uno de los fenómenos que están influyendo en el impulso de la escuela privada es la mayor agilidad de ésta a la hora de la construcción de nuevos colegios en las zonas de expansión urbana, sobre todo en las áreas metropolitanas donde pasa a residir una nueva clase media.
Otro de los aspectos que sirven para desprestigiar la escuela publica es que ésta está asumiendo la enseñanza en las zonas más marginadas y está absorbiendo a la mayoría de escolares con necesidades especiales o inmigrantes. Pienso, sin embargo, que estas nuevas situaciones deberían constituir un reto para la escuela publica y un argumento de peso para exigir más presupuesto y más medios para los colegios públicos.
Además, creo que las administraciones publicas no intentan frenar esta demanda social y más bien se alienta ya que al fin y al cabo sale más barato -desde el punto de vista económico- la concertación que la gestión publica directa de la educación obligatoria.
Ahora bien, el gran peligro para la escuela publica -a parte de las leyes que posibilitan la garantía de la financiación pública de una parte de la enseñanza privada- viene de esa demanda social de las clases medias de una educación individualista, con pedagogías más conservadoras pero pretendidamente más eficientes, por una exigencia de más disciplina, etc., una demanda que lucha contra el igualitarismo social y contra la escuela laica.
En definitiva, es una demanda social conservadora que exige un tratamiento diferente para sus hijos y, en su concepción, la escuela publica es para los de renta baja y los grupos sociales marginados o segregados, inmigrantes, población marginal, niños tutelados o con necesidades especiales... Seguramente, en un futuro, esta demanda social no tendrá ningún problema en plantear pagar algo con el fin de estar separados de estos sectores sociales.
Sin embargo, y a pesar del deterioro existente, es evidente que la educación publica no desaparecerá,  siempre tendrá un peso mayoritario, el problema es que vamos encaminados a una educación en los niveles básicos más clasista, menos igualitaria y ello tendrá unas repercusiones importantísimas sobre el futuro de nuestra sociedad.
La ley de calidad ha sido vista por muchos como una vuelta de tuerca en contra de las conquistas de la escuela publica orientada a la igualdad.
En el asunto de la religión, si por un lado se dice perseguir la modernización -un ordenador para cada alumno- por otro lado se mete a Dios en el curriculum escolar. El asunto de la enseñanza de la religión en la escuela tal y como lo plantea la LOCE es inasumible desde todos los puntos de vista ya que en verdad responde a una injerencia clerical clarísima.
El obligar a todos los escolares a estudiar religión parece que es simplemente una concesión a la Conferencia Episcopal, máxime en un sistema educativo que garantiza más que con creces la enseñanza religiosa en la escuela.
La Iglesia Católica, en los ámbitos relativos a la educación, se ha mostrado como una institución arrogante e intolerante. La enseñanza de la religión católica en la escuela publica está, como digo, más que garantizada (¡en España existen más de 15.000 catequistas dando religión católica en los colegios públicos pagados por las administraciones autonómicas!) y sin embargo la Iglesia ha entablado pleitos judiciales y mostrado cierto desasosiego persiguiendo, parapetándose en los acuerdos de 1979 con El Vaticano, que la religión católica estuviera plenamente integrada en el curriculum y que los niños no católicos tuvieran que tener nociones doctrinales sobre las religiones.
Una vez el PP llega al gobierno, la Conferencia episcopal, que ha considerado al PP como un gobierno católico, les exige réditos electorales y comienza a batallar sin cesar por una solución drástica y pese a las primeras resistencias del gobierno del PP al final éste tuvo que ceder tal y como se ha plasmado en la LOCE. El PSOE ha anunciado que dejará las cosas como están pero las cosas como están son verdaderamente intolerables. ¿Por qué el PSOE no se atreve a emprender una reforma laicista en el sistema educativo y en el Estado? 
El laicismo promueve la escuela laica y ello significa en nuestro país reforzar la escuela publica, darle nuevos impulsos positivos. Ello significa sacar la religión de la escuela publica y reservarla al ámbito estricto de la familia o la parroquia.
También significa a medio plazo el realizar una política de centros concertados diferente, en la perspectiva de la supresión total de los conciertos con colegios confesionales.
El dinero público debe ir hacia lo público. Se debe emprender una política de conciertos educativos que empiece a cuestionar la contratación de unidades escolares sometidas a un ideario confesional: si el Estado paga un servicio educativo a un promotor privado este debe estar sometido a unos esquemas de neutralidad ideológica o religiosa. Igualmente la contratación del profesorado de la escuela concertada debería requerir una habilitación estatal y no ser una cuestión meramente privada ya que este profesorado es pagado por el Estado.
En definitiva, se deben emprender medidas que signifiquen una ofensiva del Estado en defensa de la escuela pública, laica e innovadora, si no es así las exigencias del cambio pueda venir en un futuro de las propias aulas, del desasosiego e inconformismo juvenil que se pueda estar incubando en los pasillos de los colegios ante un sistema educativo cada día más segregado socialmente y más deteriorado

Organización del bachillerato


Noviembre 2000  
Educación reduce casi a la mitad el temario de historia previsto para lograr el consenso
Los Reales Decretos de secundaria dejan fuera la obligatoriedad de ofrecer clases de informática
SUSANA PÉREZ DE PABLOS, Madrid

El Ministerio de Educación ha reducido el temario de historia de 2º de bachillerato casi a la mitad de lo que tenía previsto y ha cambiado la denominación de la asignatura de Historia de España por Historia a secas para lograr el consenso con la oposición. Este recorte, plasmado en los dos reales decretos de reforma de los contenidos mínimos de la ESO y el bachillerato, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, ha implicado también la retirada de la asignatura de informática que iba a ser de oferta obligatoria en la ESO y el bachillerato. Asimismo, en el bachillerato ya no se distribuirán las materias por cursos, como se pensaba hacer. Tras estas modificaciones, el PSOE ha apoyado el proyecto y ha exigido un compromiso de financiación.
El Gobierno ha anulado cuatro de los grandes cambios que tenía previstos porque no hubiera sido legal abordarlos sin modificar la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE). Según la portavoz socialista de Educación en el Congreso, Amparo Valcarce, "el proyecto definitivo es una rectificación en toda regla respecto a la reforma que pretendía hacer Esperanza Aguirre de las humanidades y también la que presentó el Gobierno al PSOE en septiembre".
CiU también se ha mostrado optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo. Según su portavoz en el Congreso, Xabier Trías, "la buena disposición" del Ministerio de Educación hace pensar que la reforma respetará las competencias de las comunidades.
Los dos reales decretos constan de 12 páginas en total a las que se añaden más de 400 páginas de anexos en las que se detallan los contenidos por materias. Éstos son los aspectos en los que el Gobierno ha dado marcha atrás:

Historia.
El temario definitivo de los contenidos mínimos (el 55% en las comunidades con lengua propia y el 65%, en las que no la tienen) de la materia de Historia de 2º de bachillerato seguirá constando de 16 grandes epígrafes, como el Gobierno había planeado en los primeros borradores de la reforma (enseñados por Educación al PSOE, CiU y el Gobierno vasco), pero éstos aparecen ahora divididos en dos temas de media, en lugar de en los cuatro previstos en el borrador de la pasada semana. Anteriormente, el total de temas que estaba previsto imponer con esta reforma era de 62, mientras que los reales decretos señalan que serán 37.
Ahora se destinan 70 horas anuales (dos semanales) de los contenidos mínimos para la materia de historia de 2º de bachillerato. No se van a aumentar con el nuevo proyecto. Esto quiere decir que los profesores tendrán algo menos de dos horas (1,8) para dar cada uno de los 37 temas del nuevo temario. La denominación de la materia no será Historia de España, como pretendía el Gobierno y reflejó en los anteriores borradores. Ahora se llamará exclusivamente Historia. El motivo es legal: la denominación que establece la LOGSE para las materias no se puede cambiar sin modificar ésta.
Además, más de la mitad de los contenidos del nuevo temario son de historia contemporánea, mientras que antes se limitaban a la última tercera parte de los temas. El currículo empieza en la Hispania Romana y termina en la España democrática.
Los contenidos mínimos actualmente en vigor y que aprobaron los socialistas después de la LOGSE establecen únicamente siete temas generales para esta materia y éstos se limitan a la historia de España de los siglos XIX y XX.

Informática y tecnología.
La portavoz de Educación socialista en el Congreso explica que "no era posible poner la informática como materia de oferta obligada a partir de los 12 años (1º de ESO), aunque los negociadores estaban de acuerdo en su conveniencia, porque para ello era preciso modificar la LOGSE". Colocar cualquier nueva materia optativa de oferta obligada no es competencia del Gobierno sino de las comunidades.
A cambio, se establece que la mitad de los contenidos de la materia de tecnología de la ESO serán de informática. En los nuevos contenidos de las demás asignaturas (como lengua, física y matemáticas) estará también presente de manera transversal la informática.
Actualmente no hay ninguna asignatura de oferta obligada de informática, aunque algunos centros la ofrecen como optativa.

Filosofía.
La nueva materia de Historia de Filosofía que quería implantar el Gobierno en 2º de bachillerato -y que aparecía como tal en los últimos borradores enseñados por el Ministerio de Educación a los partidos- ha sido sustituida en los borradores de los reales decretos por Filosofía II. Se trata de una prolongación de la materia de Filosofía que ya se imparte en 1º de bachillerato. Los contenidos mínimos señalan que se destinarán dos horas semanales a Filosofía II. Ahora sólo se da esta asignatura en 1º de bachillerato.

Organización del bachillerato.
El Gobierno ya no señalará las materias que se deben estudiar en cada curso del bachillerato, como pensaba hacer, aunque sí en la secundaria.
La LOGSE tampoco permite este cambio en bachillerato. Sin embargo, sí señalará el Ministerio de Educación una serie de materias que se deben impartir en 2º de bachillerato para que los alumnos se examinen de ellas en selectividad. Serán: Filosofía II, Historia, Lengua Castellana, Literatura II, lengua oficial de la comunidad autónoma y Lengua extranjera II.

La educación en España: Los años socialistas (La LOGSE)


La educación en España: Los años socialistas (La LOGSE)
Manuel Medrano. responsable del área de Alta Inspección Educativa en La Rioja,diputado regional del PSR-PSOE

 Me gustaría acercar a los lectores de La Rioja, abusando de su tiempo, unas reflexiones personales sobre lo que ha significado la LOGSE, lo que significa la LOCE y la oportunidad histórica que se nos abre de llegar por fin a un consenso de las dos grandes fuerzas políticas de este país en materia de educación. Desde mi inevitable perspectiva de historiador creo -y por eso hago una reflexión previa de carácter histórico- que ambas leyes educativas no se han visto libres del trasfondo dual de la educación española: la existencia, pasada y presente, de dos redes, una pública y otra privada mayoritariamente confesional, realidad estructural que creo aún condiciona y no para bien todo debate sensato sobre el futuro de nuestro sistema educativo

Entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX se perfilan en los países occidentales los diseños públicos de la educación: la educación pública de todas las clases sociales hasta los 14 años (en el mejor de los casos); una educación secundaria mucho más limitada a las clases medias y sectores acomodados y una elite universitaria. Sobre este panorama general cada nación incorpora sus propias peculiaridades: en algunos países las circunstancias políticas convierten al Estado en casi único agente educativo. En España los avatares históricos, las desamortizaciones, las compensaciones que los gobiernos conservadores dan a la Iglesia y el excesivo peso que el catolicismo tiene en la sociedad española, conforman un panorama educativo atravesado por la catolicidad, por una estructura poderosa y estable de enseñanza en manos de la comunidad católica. Así se irá generando un modelo educativo dual: una fuerte red de centros religiosos que por regla general forman a las elites y a las clases medias y en definitiva a las mentes llamadas a ser clases rectoras de la sociedad española; mientras que el Estado, siempre anémico de medios, con mejores deseos que potencialidades va conformando una red pública de centros bastante débil, con una escolarización insuficiente y maestros mal pagados que difícilmente consiguen retener a los niños en la escuela.

Esta situación condicionará a mi juicio la posición que las fuerzas políticas contemporáneas presentarán ante la cuestión educativa: los partidos conservadores y de orden tenderán a consolidar y fortalecer la opción educativa de la Iglesia; los partidos de la izquierda, republicana o socialista, tenderán a fortalecer el modelo público y, según su mayor o menor grado de radicalidad ideológica o la tensión de los tiempos, a respetar el statu quo heredado o a tratar de acabar con el poder educativo de la Iglesia.

Llegamos así a la época en la que el PSOE accede al poder (1982). Se encuentra el nuevo gobierno con una política que, en los últimos años (Pactos de la Moncloa), ha impulsado una ambiciosa construcción escolar. Aún sigue vigente la Ley General de Educación de Villar Palasí. Respecto a lo que veníamos comentando, la realidad de una doble red de centros: públicos, privados mayoritariamente religiosos, el gobierno socialista se encuentra con esa inmodificada realidad.

EL PSOE recibe en los meses anteriores a su llegada al poder nítidas manifestaciones de hostilidad de buena parte de las patronales privadas, en el sentido de que la llegada de la izquierda al poder va a significar lo que ellos llaman el final de la 'libertad de elección para los padres', de la enseñanza religiosa, etc, etc. Nada sucede. ¿Se carga el PSOE la enseñanza privada o la reduce a la mínima expresión? Es evidente que no. Si algo hizo el gobierno socialista fue ser respetuoso hasta el extremo con los centros religiosos de enseñanza, que no se vieron menoscabados en lo más mínimo, y que pudieron seguir ejerciendo la docencia sin problemas de importancia. Es evidente que en aquellos años el gobierno de González apostó por una fuerte inversión en la mejora de la educación pública: medios, sueldos de docentes, incorporaciones masivas de nuevo profesorado, etc.; a la vez que lógicamente preparaba el terreno para una reforma de las leyes educativas, que tras unos años daría nacimiento a la LOGSE en octubre de 1990.

La LOGSE fue una ley inspirada en una suerte de optimismo ilustrado, en la lógica de una educación para todos acorde con los tiempos (¿malos tiempos para las Humanidades?), que buscaba la inclusión de aquellos alumnos que por múltiples circunstancias, sociales, intelectuales, etc., habían estado tradicionalmente condenados a una educación insuficiente o a ser derivados prematuramente al mercado laboral. Este humanismo teórico, inspirado en una bien entendida filosofía de la igualdad, fue una de las mejores aportaciones de la ley. Hubo en ésta, y en otras normas, muchas novedades positivas en las que no podemos profundizar aquí: elevación de la escolaridad obligatoria hasta los dieciséis años, apuesta por las nuevas tecnologías, importancia de la tutoría, democratización de las decisiones escolares, autonomía de los centros, intento de superación de la vieja división excluyente entre centros de enseñanzas medias y centros de F.P., etc. Pero no seríamos justos si no reconociéramos que la LOGSE tuvo fallos que se evidenciaron con el tiempo. Los resumiremos en dos:

El más importante de todos fue que una tan ambiciosa reforma, que no quería dejar a nadie en la cuneta, que pretendía desarrollar todas las potencialidades de individuos diferentes, que aspiraba a atender la diversidad, los idiomas, las nuevas tecnologías, la opcionalidad, etc, no contó nunca ni bajo gobiernos socialistas ni populares con los medios económicos, con la financiación (ciertamente impresionante) que hubiera necesitado esa norma para sacar de sí todo lo bueno que llevaba dentro, que era mucho.

El otro aspecto, más difícil de plasmar y seguramente más controvertido, es que quizá pecó de un exceso de pedagogismo y de psicologismo en la concepción-diseño del hecho educativo. Es decir, los aspectos evolutivos del educando, su necesidad de integración, cierta moda pedagógica de la escuela como juego, etc., parecieron prevalecer sobre la fortaleza epistemológica de un currículo, que - se decía-, dejaba los contenidos conceptuales en muchas ocasiones en un segundo plano.

Interesadamente se hizo cargar contra la LOGSE la responsabilidad de una serie de fenómenos, desde el fracaso escolar hasta los problemas de disciplina, cuyas raíces se alimentaban en realidad fuera del aula. Los importantísimos cambios sociológicos que estaban ocurriendo en España aceleradamente, la menor disponibilidad de tiempo de los padres hacia los hijos, la debilitación de los vínculos de autoridad en el seno de las unidades familiares, la existencia de poderosos canales alternativos de (de) formación para las mentes de los jóvenes y el crecimiento de nuevas generaciones de españoles en una cultura de bienestar, de 'tenerlo todo' propiciaron una situación general de menor voluntad de esfuerzo y de sacrificio, de dar menor valor a una educación gratuita, que siempre había sido un lujo para los hijos de los trabajadores y que ahora se creía lo más normal del mundo. Estamos hablando claramente de fenómenos que no son exclusivos de España, como no lo son los serios problemas y las deficiencias que, presentes en las aulas españolas, lo están de igual modo en otros muchos países occidentales que, mira por donde, nunca tuvieron LOGSE.

© Diario La Rioja, 18/09/2004.